Yo también soy catalán

Me ha llegado este mensaje del blog de Buenafuente a través de varios de vosotros por mail, y además lo he podido ver en sitios como Al Abordaje. Refleja bastante bien mi parecer respecto a este asunto tan cacareado del famoso Estatut catalán. Aquí va.

Yo soy catalán sí y sólo espero que las cosas vayan bien en todos los aspectos de la vida. Sólo espero (sigo haciéndolo cada día) que el ser humano o lo que queda de él, trabaje por un mundo mejor. Más justo, menos competitivo y excluyente con los que no tuvieron la suerte de nacer en un punto, llamémosle rico del planeta. Para desear lo que acabo de decir, uno puede ser catalán, gallego, croata, venezolano o de ninguna parte. Hay gente que no se siente de ninguna parte. Hoy, he empezado denominándome catalán a causa del enorme e incompresible chaparrón político que se ha desatado sobre nuestras cabezas, como si no hubiera temas importantes. Con motivo de la ya famosa propuesta del Estatut (que nadie ha leído), se ha recrudecido y hasta envenenado el eterno debate sobre nuestros DNI, los supuestos sentimientos de patriotismo y ese tipo de cosas que no nos importan a la gente de la calle. Dado que ésta es una sociedad mediática apabullante, los presuntos periodistas y sus grupos ejercen de jueces en lugar de informadores. Predisponen en lugar de servir las noticias.

Así es como se oscurece el clima y se cambian la palabra “debate”, por “crisis” o “debacle nacional”. La derecha se apunta al carro de la crispación y demuestra que no sabe vivir en la oposición. No tiene ideología. Sólo pretende recuperar el control del “chiringito”. Y, para eso, cuanto más grande e incuestionable sea el “chiringuito” nacional pues mejor. A la derecha, le trae al fresco la modernidad y la evolución del estado. Si pudiera, ni se hablaría de éso. Como si callar, eliminara el problema. Los políticos, en general, enfocan los temas con torpeza, se les escapan de las manos y generan la inquietante sensación de que “tenemos un problema”. Bueno, pues yo no tengo ni quiero tener problemas de este tipo. Yo exijo que el estado aplique todos sus mecanismos legales y reguladores para eliminar el conflicto de nuestra vida cotidiana. Somos libres. Nos gestionamos así y el miedo, el oscurantismo y los apocalípticos deberían estar prohibidos. Porque no es sano, ni moderno, ni democrático. Todos aquellos, los que sean, que aviven el fuego de la controversia, deberían verse en un espejo y contemplar sus aspectos de hechiceros de la tribu.

Si Catalunya quiere un nuevo estatuto, ¿qué vamos a hacer? Pues lo que dice la ley. Esperar a que el Parlamento español se pronuncie y considerar todas las declaraciones vertidas durante el proceso como un elemento más del juego democrático. De nada sirve juzgarlas por separado. De nada sirve ensalzar a los radicales, ni demonizar a los que discrepan, ni ridiculizar al gobierno. Bueno, sí. Sirve para cargarse al estado. Aquí, donde yo vivo, nadie quiere ofender a nadie. Nadie quiere enfrentamientos porque las heridas del pasado son demasiado dolorosas como para desear reabrirlas.
¿Unidad Nacional? Estaremos unidos si respetamos nuestras diferencias e identidades, conservadas con esfuerzo y alguna tragedia a través de los siglos. Si nos sentamos en una mesa a construir la España del siglo XXI, conseguiremos erradicar esa sensación de pantano agrietado que amenaza con llevarse por delante tantos años de poso común.

Los tiempos cambian y los pueblos que conforman el Estado español son más listos, avanzados y orgullosos. ¿Que hay de malo en eso? El orgullo sumado nos hará más fuertes. Nos plantará ante Europa como un pulpo de tentáculos rápidos y musculosos y no como un cangrejo con boina que camina hacia atrás y no ve el progreso aunque lo tenga delante de sus narices.

Soy catalán. Mis padres emigraron desde Andalucía tras una guerra fraticida. Mi jefe es italiano y vive en Madrid. Uno de mis mejores amigos es de Chamberí. Su hija nació en China. Mis parientes se reparten por Valencia, Murcia y Galícia. Mi compañera de trabajo nació en New York. Toda esa gente, ahora y aquí, pedimos políticos a la altura de las circunstancias que negocien nuestro futuro con sentido común y profesionalidad.

Los que tanto protestan del asunto del Estatut, no les veo protestar por el hambre, por la pobreza, por las desigualdades, por la violencia de género, no discuten leyes sociales como la nueva sobre la dependencia….. ¿Dónde estaban Acebes & Co. en los actos contra la violencia de género? ¿No critican alto y claro la ley de Dependencia antes de debatirla igual que han hecho con el Estatut? Creo que en ningún sitio he visto tanta crítica destructiva sin ton ni son, porque sí. Incluso mezclan el terrorismo. Siguen con diarrea verbal crónica, aunque pisoteen derechos fundamentales, presunción de inocencia, acusaciones infundadas, etc.

Yo, particularmente, estoy en contra de algunas propuestas de ese Estatut (como la de su financiación), pero no soy un talibán como los que lo critican y pretenden anular sin ni siquiera conocerlo. De hecho, estoy a favor de reconocer las distintas Nacionalidades del Estado, están ahí, y debe de ser admitidas y asimiladas. Al fin y al cabo es la representación del Parlamento catalán, y de su pueblo. Y el Congreso decidirá, y los grupos parlamentarios decidirán. Antes, no hace mucho, algunos tenían el rodillo, y lo aplicaban sin diálogo ni debate.

Y ahora pretenden montar una alegoría de la una, grande y libre (siempre me hizo gracia cuando decían libre) en plena Puerta del Sol, protestando contra algo, que NO SE HAN LEÍDO la mayoría. Eso sí que es división y crispación. No, claro, no pueden dejar los mecanismos del Estado tranquilos, se debata, que se dialogue, que se negocie, que se cambie lo que se tenga que cambiar CIVILIZADAMENTE. No, no pueden. Aunque todos sabemos cuándo se acabará la crispación, cuando vuelvan a gobernar. Como si no lo hubiesen hecho antes…..

Siempre preferiré ser un pulpo de tentáculos rápidos y musculosos y no como un cangrejo con boina que camina hacia atrás.

2 comentarios »

  1. Mariano escribió

    Lo que escribe ese energúmeno no es más que una artimaña publicitaria en plan buenos modales, que pretende caer simpático. Mi NO es rotundamente NO al susodichoso estatuto de los cojones, aunque lo leyera diría directamente NO, porque ya se sabe que el estatuto de cataluña pretende beneficiar solo a una parte de España, y perjudicar al resto subiéndonos los impuestos al resto de los españoles, y reduciéndolos a los catalanes. Ahí se demuestra el egocentrismo y el egoísmo de los catalanes.

    PD: Como conocido “famosillo” que es este energúmeno que se muestra orgulloso y prepotente al decirse a si mismo: “Yo soy catalan”, decirle que hace un programa patético y de pena, de humor catalan y a la vez de propaganda electoral pro-catalanista. Las recogidas de firmas para su inmediata retirada están efectuándose, como un boicot más a los productos de procedencia catalana que también afectarán a la televisión de origen catalan.

  2. alfon escribió

    Está muy claro que no te gusta nada en absoluto Buenafuente. Cuestión de gustos. Eso es personal de cada uno.

    Pero lo que no se puede hacer es dejarse llevar por esos sentimientos y no ver lo que dice su post “Yo soy catalán”.

    Lo que está diciendo es que se deje de insultar gratuitamente. Que se sigan los trámites reglamentarios. Habla de un país con múltiples nacionalidades, identidades o como quiera llamarse. Pero habla de un estado en el que todos tengamos lazos de unión, los unos con los otros. No habla de división, de crispación, de desigualdades. Buenafuente no acaba de decir si está a favor del estatut, en su totalidad, o discrepa en alguno de sus puntos.

    Otra cosa es tu opinión respecto al estatuto que la has dejado clara. Pero yo creo que es perfectamente compatible estar en contra del estatut, y dejar que se sigan los trámites y que sea el Congreso quien rechaze todo el Estatut u obligue a modificar algunos puntos. Para eso están, ¿no?

RSS suscribirse para los comentarios en esta entrada

Dejar un comentario