Sábado por la tarde. Tardecita de piscina cortada antes de tiempo, para irme a un concierto. Podía ser incluso normal en otras circunstancias, pero el protagonista hacía que todo fuera diferente: Bob Dylan.
El atasco en Villalba fue antológico y opté por la mejor opción: andando. 10 minutos después descubrí miles de personas intentando entrar (y yo con estos pelos). La cola kilométrica se hizo breve por el morro y por la birra. Y ya estaba dentro. Cámara incluida, aunque sin saberlo las estaban requisando. Nunca lo entenderé. En fin.
A pesar de las crónicas, Dylan empezó pronto para la relativa desorganización en la entrada: a las 21:10 un speaker (en inglés, of course) anunciaba la salida de Bob Dylan y su banda en Collado Villalba, clausurando el festival Viajazz. La leyenda iba de negro, igual que su excelente banda de músicos.
Un gran escenario, sonido limpio y gradas supletorias para los entrados en años. Abajo moquetita, un lugar ideal para escuchar a Mr. Zimmerman. Público multigeneracional (incluso niños pequeños), famosetes dylanófilos (Amaral al completo, Bunbury más dylan que nunca,…), y no paraba de encontrar más gente conocida……qué suerte! Sold out en Villaba (aprox. 10000 a 20 por cabeza), quién lo diría. Aunque estaba lejos pude sacar alguna instantánea para el recuerdo, forzando eso sí, el zoom digital+óptico de mi cámara, con la insuficiente calidad, claro.

Abrió, como en todo su gira actual, con Maggie’s farm, que apenas pude distinguir. Y esa fue una tónica en el concierto. No conocía canciones tan buenas, y tan conocidas como Mr. Tambourine Man o The Times They Are A-Changing, hasta los estribillos. Además como con las compañías, no hacía más que hablar tampoco prestaba la suficiente atención, todo sea dicho. Se le perdona todo, nunca nadie con semejante voz tuvo tanto éxito. Dylan está viejo (65 del ala), no saludó, no dijo nada en castellano, tan sólo presentó a la banda y dijo thanks en los bises. Pero era Dylan! Y si, tocó la armónica, aunque no se movió de su piano. Nada que no me esperase.

Los tres mejores momentos vinieron con tres de mis favoritas. Primero, a mitad de concierto se marcó un rock con Highway 61 Revisited, que reconocí (milagro!) al poco de empezar los primeros acordes. Luego en los bises Like a Rolling Stone hizo que todo el público cantase la canción a un ritmo y Dylan a otro, como no. Enorme!. Y para acabar All Along the Watchtower, con una versión más cercana a la de Hendrix, que a la suya propia. Sólo con esto merecía la pena haber estado allí.
Se despidió brevemente y mientras algunos queríamos más y pitábamos, Villalba se sacó de la manga unos fuegos artificiales para callarnos y ofrecer un original fin de fiesta (y de festival). La luna llena, la sierra, cervecitas, buena compañía, fuegos artificiales y 2 horas con Bob Dylan…. ¿No era Shakespeare, el que dijo aquello de El sueño de una noche de verano? Allí estuve yo.