Archivos para Conciertos

15 años sin Pearl Jam

El 7 de septiembre de 2006, proseguí mi minifestival de Septiembre en Madrid. El cambio era grande, de Sabina a Pearl Jam. Lo único que tienen en común es su militancia y su compromiso. 15 años llevaban sin venir a Madrid, a pesar de las giras que les trajeron a España, siempre con la excusa de carecer de un local con buena acústica, lo que les hacía irse a Donosti o a Barcelona. El otro día el grunge volvió a pasearse por Madrid. Mientras llegaba al Palacio de los Deportes, y a pesar del calor, las camisas de franela a cuadros, las greñas y demás clones estéticos del grunge que nos vendían en prensa y TV, iban surgiendo por doquier. ¡Me daban calor sólo de verles!

El escenario era más bien sobrio y sencillo, señal de que esa noche importaría más la música que la puesta en escena. Las sensaciones del principio fueron parecidas a mi concierto de los Stones del 2003, cuando tenía la sensación de que una de mis bandas favoritas iban a dar una actuación increíble.

Para empezar una de mis favoritas, Better Man. A mi juicio era un comienzo frio, pero según fue avanzando la canción se fue calentando la cosa, y Eddie Vedder dejó que el público cantara, a nuestro modo, este gran tema. Siempre he pensado que Vedder es una de los mejores voces de la historia del rock, y ese día en Madrid pude comprobarlo. Además ayudó bastante, el disponer de un sonido bastante limpio, nada que ver con el antiguo Palacio, que parecía una cueva con múltiples ecos.

Pearl Jam en Madrid

Corduroy, nos sirvió para abrirnos hueco. Vedder comenzaba a consumir su acostumbrada botella de vino. Nada de lo anterior se puede comparar a la histeria de Animal, momento en el que pillamos un sitio privilegiado en segunda fila en el medio de la T que se abría de separación entre el escenario y las vallas antipánico. Lo bien preparado y organizado que estaba el concierto en esa zona, con los miembros de seguridad permanentemente atentos al público, sacando a los lipotímicos, dando a beber a todo el mundo, me hizo acordarme de la triste experiencia que tuvo el grupo en la tragedia de Roskilde. No quieren volver a pasar por lo mismo y se notaba.

Cuando le llegó el turno a Jeremy, Given to Fly, Once y Daughter seguidas, empezaba a pensar que no pensaban presentar su último disco, pretendían hacer un conciertazo a base de grandes éxitos. Vedder seguía atizándole al vino. Once y Jeremy no suelen tocarlas, a pesar de ser grandes éxitos. Casi creo que tiro la valla cuando empezaron los acordes de Do the evolution (gran videoclip): rabia y denuncia que se apoderaron del Palacio. Con Daughter hicieron una pequeña versión del Another brick in the Wall de Pink Floyd. El activista Vedder acabó de rodillas pidiendo la paz en el mundo. No hay que olvidar que son unos consumados opositores del stablishment norteamericano y sobre todo del gran palurdo Bush (con perdón para todos los palurdos del mundo).Desde arriba....Pearl Jam

Después de un descanso volvieron a salir para seguir rememorando temas: Elderly Woman Behind The Counter In A Small Town o la clásica Black. De la primera no puedo sino acordarme de la sorprendente versión que se suele marcar el genial Luis Tosar. Vedder echaba otro traguito de su botella de vino. En el segundo y último bis prometieron volver dentro de 1 año o 2 años, y pedían disculpas por estar 15 años sin venir. Se dice pronto, 15 años. Del nuevo disco sólo tocaron Big Wave, Severed Hand y World Wide Suicide (a mi juicio la mejor). Se notaba que era un concierto para recordar, nada de presentaciones de novedades, Pearl Jam en estado puro.

Entre las clásicas Go y Alive se encendieron las luces del Palacio. Parecía que no se querían ir. Al mismo tiempo veías el llenazo y cómo 16000 personas vibraban con los de Seattle. Y en los coros de Alive se vió el pedete lúcido que tenía el bueno de Vedder, se puso a posar para las cámaras de las primeras filas (incluso él mismo hizo fotos), regaló (y rompió) panderetas, y bailó como un poseso. Parecían quinceañeros con ganas de comerse el mundo. La voz de Vedder no menguó a pesar de su estado y atacó el Rockin’ in the free world de su amigo Neil Young con fiereza, y golpeando el pie del micro contra el suelo con exceso. Se sabían ganadores. Hasta pronto Pearl Jam!

Fue uno de esos conciertos en los que no te acuerdas de lo que te has gastado, en los que acabas extenuado a la salida y no te das cuenta lo cansado que estás hasta que no te quita toda la adrenalina acumulada. Uno de esos conciertos que se te quedan grabados en la memoria por mucho tiempo.

Quisiera añadir que en El Mundo de Mimi han publicado los enlaces para descargarse el concierto (set list).

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Un torero con bombín

6 de septiembre de 2006. Tarde de tormenta en Madrid, nubes negras, chaparrón vespertino, todo eran malos presagios. El torero debía encomendarse a sus santos ácratas y ateos, porque debían de tremblarse las piernas ante lo que se le avecinaba. Un toro de unas 20000 personas que reventaban Las Ventas, sedientas de su presencia. Joaquín, el torero, llevaba una mala racha: entre marichalazos, discusiones con memos, compañías monárquicas en cenas republicanas, desplantes al personal cual rockstar stoniana, grabaciones con nivel inferior al acostumbrado, y una depresión de caballo, completaban un cóctel explosivo que quería sacudirse de encima por completo. Dejar todo eso atrás, congratularse de nuevo con su público, con el de su casa y salir por la puerta grande. El diestro Sabina salía al ruedo desafiando al temporal, como diciéndole: Para cabrón, que esta noche es mía!

El concierto vino predecido de un descontrol en los accesos, todo tenía mala pinta y la solución fue hacerse los rápidos, Madrid-Euskadi-La Rioja se colaron por la face. Noche abstemia, no alcohol, no se vende: ni la birrita furtiva pudo aplacar la sed del verano madrileño con ese olor post-tormenta. La actuación previa de Olga Román no prometía mucho, ya que la pobre tuvo problemas de sonido. La salida de Sabina a presentarla hizo venirse abajo los 3 cuartos de aforo que había ocupados hasta entonces. El maestro, de bombín y traje gris, el hombre del traje gris, salió con los acordes de Y nos dieron las diez…., y nos sabíamos que nos a dar las tantas….
La primera Aves de paso, le pilló un poco frío y se le notó. Todo esto se lo sacudió con Ahora.., descargando su furia en un bastón que más que ayudarle a caminar, lo único que hacía era darle más fuerzas. No paró de golpear el suelo, los altavoces, todo lo que se le encontraba por delante. Ahí se sacudió todos los miedos, a riesgo de perder su vara, que seguro era de madera noble para poder soportar esa embestida demente.

La presentación en escena era muy buena, como acostumbra. Ambiente cabaretero con proyecciones de imágenes relacionadas o no con los temas que se iban sucediendo: fotos del Madrid antiguo, parejas, Leonard Cohen, la República, Atocha, Bob Dylan, Chavela Vargas, imágenes de guerras y de gente protestando las guerras, etc., e incluso salió Homer Simpson a la guitarra.

Le siguieron Mentiras Piadosas, Conductores Suicidas, Siete Crisantemos o Esta noche contigo (que recuerde), para cambiarse de chaqueta (literalmente) y dejar a Pancho Varona una genial versión de Esta boca es mía a lo Rosendo. Después Jaime Asúa (ex-Alarma) se arrancó con Marilyn Monroe, junto a la srta. Román.

Se puso tierno con Peor para el Sol, Calle Melancolía, Pájaros de Portugal, Princesa, Ruido, Contigo o Que se llama Soledad. Pero la piel se nos puso de gallina cuando dedicó Yo me bajo en Atocha a los ausentes. Siempre me gustó esa canción y alabo que Joaquín no haya hecho bandera de esa canción respecto a ese día. Las canciones hay veces que están por encima de los hechos. Incluso apareció el Sabina rockero y canalla con Pacto entre Caballeros, El Pirata Cojo, 19 días y 500 noches, o una versión de Llueve sobre Mojado (sin Fito, claro).

Volvió a tocar Y sin embargo, predecida de Olga Román del Y sin embargo te quiero de Quintero, León y Quiroga. Las Ventas se vino abajo cuando tocó Pongamos que hablo de Madrid (con final feliz) y la original De Purísima y Oro: Madrid en estado puro. Con Noches de Boda, vino el tradicional homenaje a Chavela (no se cansará, no), y encadenando al final, Y nos dieron las diez, aunque ya sin acordes, completa.

Canalla!

Una vez se despidieron por última vez, sonaba por los altavoces Pastillas para no soñar. Las necesitábamos, estábamos soñando, no podía creerlo cuando miraba el reloj, 3 horas de Sabina en estado puro. Más viejo, más ronco, pero más veterano, con muchas ganas, y repasando su trayectoria. Espero que no sea la última faena de este calibre del maestro en Madrid. Ganó el desafío al tiempo, a los críticos, a su salud, a sus dimes y diretes y volvió a salir por la Puerta Grande. Yo, en cambio, salí saltando el callejón, furtivamente, evitando el colapso en la salida, intentando no perder el metro, y teniendo que volver a darme una vuelta en coche a recoger a los perdidos. Qué sinsentido!

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